LIBRETO - SANTA MISA CON RITO DE ORDENACION PRESBITERAL 04/06/2026

SANTA MISA SOLEMNE
Con Rito de Ordenación Presbiteral 

Del Rev. Diacono. HECTOR JACOBO
Del Rev. Diacono. ALEJANDRO ALTAMAR

PRESIDE:
 EMMO. SR. MONS. LUIS CARD. RHEA
OBISPO DIOCESANO

SANTA IGLESIA CATEDRAL
Diócesis de la Inmaculada Concepción

Martes 04 de mayo de 2026

RITOS INICIALES
CANTO DE ENTRADA

El Obispo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.

La paz esté con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.


ACTO PENITENCIAL

El Obispo:
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.

Pausa de silencio.

todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

El Obispo:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟. Amén. 

KYRIE
Señor, ten piedad.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.

Cristo, ten piedad.
CRISTO, TEN PIEDAD.
CRISTO, TEN PIEDAD.

Señor, ten piedad.
SEÑOR, TEN PIEDAD.
SEÑOR, TEN PIEDAD.


GLORIA
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso Señor,
Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.

ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice: 
Oremos.
Y todos, junto con el Obispo, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo. Después el el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración colecta:  
Señor y Dios nuestro, que guías a tu pueblo mediante el ministerio de los sacerdotes, concede a estos diáconos de tu Iglesia, que hoy has elegido para el orden presbiteral, perseverar en tu servicio, para que, por su vida y su ministerio, busquen solamente tu gloria en Cristo. 
Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA

Tu irás adonde yo te envíe

Lectura del libro del profeta Jeremías (Jeremías 1, 4-9)

La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
«Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras del seno, yo te había consagrado, te había constituido profeta para las naciones.» 
Yo respondí: «¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven.» 
El Señor me dijo: «No digas: "Soy demasiado joven", porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene. No temas delante de ellos, porque yo estoy contigo para librarte -oráculo del Señor.» 
El Señor extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: «Yo pongo mis palabras en tu boca.» 
 
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
SALMO Dn 3, 52-56

℟.  Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré su fidelidad por todas las edades. 

Sellé una alianza con mi elegido jurando a David mi servidor, le fundaré un linaje que no terminará, tu trono mantendré eternamente. Encontré a David mi siervo y con óleo sagrado lo ungí, para que mi mano siempre permanezca con él y mi brazo lo haga valeroso. ℟.

Mi fidelidad y mi favor por siempre lo acompañarán y con mi nombre y mi gracia su poder crecerá, mantendré mi alianza eternamente. Él me invocará tu eres mi padre mi Dios mi roca salvadora y lo haré primogénito con todo el honor excelso entre los reyes de la tierra. ℟.


SEGUNDA LECTURA

Predicamos a Cristo Jesús, 
y nosotros no somos más que
los servidores de ustedes por amor de Jesús

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios (2 Cor 4, 1-2. 5-7)

Hermanos: 
Investidos misericordiosamente del ministerio apostólico, no nos desanimamos y nunca hemos callado nada por vergüenza, ni hemos procedido con astucia o falsificando la Palabra de Dios. Por el contrario, manifestando abiertamente la verdad, nos recomendamos a nosotros mismos, delante de Dios, frente a toda conciencia humana. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús. Porque el mismo Dios que dijo: «Brille la luz en medio de las tinieblas», es el que hizo brillar su luz en nuestros corazones para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios, reflejada en el rostro de Cristo. Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios.
 
Palabra de Dios.
℟. Te alabamos, Señor.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO

Aleluya, aleluya, aleluya.
Io sono il buon pastore, dice il Signore, conosco le mie pecore e le mie pecore conoscono me 
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
(Jn 10, 11-16)

℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

 Lectura del Santo Evangelio según san Juan.
℟. Gloria a ti, Señor.

Jesús dijo: 
Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y la dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí - como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre - y doy mi vida por las ovejas. 
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.

℣. Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.

LITURGIA DE LA ORDENACIÓN

ELECCIÓN DE LOS CANDIDATOS

Comienza después la Ordenación de presbíteros. El Obispo se acerca, si es necesario, a la sede preparada para la Ordenación, y se hace la presentación de los candidatos.
Elección de los candidatos.
Los ordenandos son llamados por el diácono de la forma siguiente:
Acérquense los que van a ser ordenados presbíteros.

E inmediatamente los nombra individualmente;
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cada uno de los llamados dice:
Presente.

Y se acerca al Obispo, a quien hace una reverencia.
Permaneciendo los ordenandos de pie ante el Obispo, un presbítero designado por el Obispo dice:
Reverendísimo Padre, la santa Madre Iglesia pide que ordenes presbíteros a este hermano nuestro.

El Obispo le pregunta:
¿Sabes si es digno?

Y él responde:
Según el parecer de quienes lo presentan, después de consultar al pueblo cristiano, doy testimonio de que han sido considerados dignos.

El Obispo:
Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador, elegimos a estos hermanos nuestros para el Orden de los presbíteros.

Todos dicen:
Te damos gracias, Señor.

HOMILIA
Momento de silencio para la reflexión personal.

PROMESA DE LOS ELEGIDOS
Después de la homilía, solamente los elegidos se levantan y se ponen de pie ante el Obispo, quien los interroga, conjuntamente, con estas palabras:
Querido hijo: Antes de entrar en el Orden de los presbíteros es necesario que manifiesten ante el pueblo su decisión de recibir este ministerio.

¿Quieres desempeñar siempre el ministerio sacerdotal en el grado de presbíteros, como fieles colaboradores del Orden episcopal, apacentando el rebaño del Señor bajo la guía del Espíritu Santo?

Los elegidos, todos a la vez, responden:
Sí, quiero.

El Obispo:
¿Quieres desempeñar con dedicación y sabiduría el ministerio de la palabra en la predicación del Evangelio y la exposición de la fe católica?

Los elegidos:
Sí, quiero.

El Obispo:
¿Quieres celebrar con piedad y fidelidad los misterios de Cristo, especialmente el sacrificio de la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación, para alabanza de Dios y santificación del pueblo cristiano, según la tradición de la Iglesia?

Los elegidos:
Sí, quiero.

El Obispo:
¿Quieres implorar, junto con nosotros, la misericordia divina a favor del pueblo que les sea confiado, cumpliendo así el mandato de orar continuamente?

Los elegidos:
Sí, quiero.

El Obispo:
¿Quieres unirse cada día más estrechamente a Cristo, sumo Sacerdote, que por nosotros se entregó al Padre como víctima santa, ¿y consagrarse a Dios junto con él para la salvación de los hombres?

Los elegidos:
Sí, quiero, con la gracia de Dios.

En seguida, cada uno de los elegidos se acerca al Obispo y, de rodillas ante él, pone sus manos juntas entre las manos del Obispo, a no ser que, según la Introducción General, n. 11, se hubiere establecido otra cosa.
El Obispo pregunta al elegido, diciendo, si es su Ordinario:
¿Prometes obediencia y respeto a mí y a mis sucesores?

El elegido:
Sí, prometo.

Pero si el Obispo no es su Ordinario, dice:
¿Prometes obediencia y respeto a tu Obispo?

El elegido:
Sí, prometo.

Si el elegido es un religioso, el Obispo dice:
¿Prometes obediencia y respeto al Obispo diocesano y a tu Superior legítimo?

El elegido:
Sí, prometo.

El Obispo concluye siempre:
Que Dios mismo lleve a término esta obra buena que en ti ha comenzado.

ORACIÓN LITÁNICA
A continuación, todos se levantan. 
El Santo Padre, dejando la mitra, de pie, con las manos juntas y de cara al pueblo, hace la invitación: 
Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que derrame generosamente sus dones sobre estos elegidos para el ministerio de los presbíteros. 

Entonces, los elegidos se postran en tierra, y se cantan las letanías; todos responden. En los domingos y durante el Tiempo pascual, se hace estando todos de pie, y en los demás días, de rodillas, en cuyo caso el diácono dice:
Nos ponemos de rodillas. 

Concluido el canto de las letanías, el Obispo, de pie, y con las manos extendidas, dice:
Señor, Dios nuestro, escúchanos y derrama sobre estos siervos tuyos tu Espíritu Santo y la gracia sacerdotal; concede la abundancia de tus bienes a quienes consagramos en tu presencia. Por Jesucristo, nuestro Señor. 
℟. Amén. 

El diácono, si el caso lo requiere, dice: 
Nos ponemos de pie. 

Y todos se ponen de pie.

Imposición de las manos y Plegaria de Ordenación
Los elegidos se levantan; se acerca cada uno al Obispo, que está de pie delante de la sede y con mitra, y se arrodilla ante él.
El Obispo impone en silencio las manos sobre la cabeza de cada uno de los elegidos. Después de la imposición de las manos del Obispo, todos los presbíteros presentes, revestidos de estola, imponen igualmente en silencio las manos sobre cada uno de los elegidos.
Después de dicha imposición de manos, los presbíteros permanecen junto al Obispo hasta que se haya concluido la Plegaria de Ordenación, pero de modo que el rito pueda ser bien visto por los fieles.
Estando todos los elegidos arrodillados ante él, el Obispo, sin mitra, con las manos extendidas, dice la Plegaria de Ordenación:

Asístenos, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, autor de la dignidad humana y dispensador de todo don y gracia; por ti progresan tus criaturas y por ti se consolidan todas las cosas. Para formar el pueblo sacerdotal, tú dispones con la fuerza del Espíritu Santo en órdenes diversos a los ministros de tu Hijo Jesucristo.

Ya en la primera Alianza aumentaron los oficios, instituidos con signos sagrados. Cuando pusiste a Moisés y Aarón al frente de tu pueblo, para gobernarlo y santificarlo, les elegiste colaboradores, subordinados en orden y dignidad, que les acompañaran y secundaran.

Así, en el desierto, diste parte del espíritu de Moisés, comunicándolo a los setenta varones prudentes, con los cuales gobernó más fácilmente a tu pueblo.

Así también hiciste partícipes a los hijos de Aarón de la abundante plenitud otorgada a su padre para que un número suficiente de sacerdotes ofreciera, según la ley, los sacrificios, sombra de los bienes futuros.

Finalmente, cuando llegó la plenitud de los tiempos, enviaste al mundo, Padre santo, a tu Hijo, Jesús, Apóstol y Pontífice de la fe que profesamos. Él, movido por el Espíritu Santo, se ofreció a ti como sacrificio sin mancha, y habiendo consagrado a los apóstoles con la verdad, los hizo partícipes de su misión; a ellos, a su vez, les diste colaboradores para anunciar y realizar por el mundo entero la obra de la salvación.

También ahora, Señor, te pedimos nos concedas, como ayuda a nuestra limitación, estos colaboradores que necesitamos para ejercer el sacerdocio apostólico.

TE PEDIMOS, PADRE TODOPODEROSO, 
QUE CONFIERAS A ESTOS SIERVOS TUYOS 
LA DIGNIDAD DEL PRESBITERADO; 
RENUEVA EN SUS CORAZONES EL ESPÍRITU DE SANTIDAD;
RECIBAN DE TI EL SEGUNDO GRADO DEL MINISTERIO SACERDOTAL 
Y SEAN, CON SU CONDUCTA, EJEMPLO DE VIDA.

Sean honrados colaboradores del Orden de los Obispos, para que, por su predicación,
y con la gracia del Espíritu Santo, la palabra del Evangelio dé fruto en el corazón de los hombres, y llegue hasta los confines del orbe.

Sean con nosotros fieles dispensadores de tus misterios, para que tu pueblo se renueve
con el baño del nuevo nacimiento, y se alimente de tu altar para que los pecados sean reconciliados y sean confortados los enfermos.

Que, en comunión con nosotros, Señor, imploren tu misericordia por el pueblo que se les confía y en favor del mundo entero.

Así todas las naciones, congregadas en Cristo, formarán un único pueblo tuyo que alcanzará su plenitud en tu Reino.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Todos:
℟. Amén.

UNCIÓN DE LAS MANOS 
Y ENTREGA DEL PAN Y EL VINO
Concluida la Plegaria de Ordenación, se sientan todos. El Obispo recibe la mitra. Los ordenados se levantan. Los presbíteros presentes vuelven a su puesto; pero algunos de ellos colocan a cada ordenado la estola al estilo presbiteral y le visten la casulla.

Luego, el Obispo toma el gremial y, oportunamente informado el pueblo, unge con el sagrado crisma las palmas de las manos de cada ordenado, arrodillado ante él, diciendo:

Jesucristo, el Señor, a quien el Padre ungió con la fuerza del Espíritu Santo, te auxilie para santificar al pueblo cristiano y para ofrecer a Dios el sacrificio.

A continuación, los fieles llevan el pan sobre la patena y el cáliz ya con el vino y el agua, para la celebración de la Misa. El diácono lo recibe y se lo entrega al Obispo, quien a su vez lo pone en las manos de cada uno de los ordenados, arrodillados antes él, diciendo:

Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Advierte bien lo que vas a realizar, imita lo que tendrás en tus manos y configura toda tu vida con el misterio de la cruz del Señor.

Finalmente, el Obispo da a cada uno de los ordenados el beso de paz, diciendo:
La paz sea contigo.

El ordenado responde:
Y con tu espíritu.

Prosigue la Misa como de costumbre. Si lo indican las rúbricas, se dice el Símbolo de la fe. Se omite la oración universal

LITURGIA EUCARÍSTICA

CANTO DE OFERTORIO

Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después el diácono, u otro ministro, inciensa al Obispo, a los con-celebrantes y al pueblo.

El Obispo:
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:  
Dios y Padre nuestro, tú has querido que tus sacerdotes sean ministros del altar y de tu pueblo; te rogamos que, por la fuerza de este sacrificio, su ministerio sea siempre de tu agrado y dé frutos perdurables en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén. 
 PREFACIO
I de los Apóstoles

℣. Dominus Vobiscum. 
℟. Et Cum Spiritu Tuo. 

℣. Sursum Corda.
℟. Habemus Ad Dominum. 

℣. Gratias Agamus Domino Deo Nostro. 
℟. Dignum Et Iustum Est.

El Obispo prosigue el prefacio, con las manos extendidas:  
Vere dignum et iustum est, æquum et salutare, 
nos tibi semper et ubique gratias agere: 
Domine, sancte Pater, 
omnipotens æterne Deus: 

Qui Unigenitum tuum Sancti Spiritus 
unctione novi et æterni testamenti 
constituisti Pontificem, et ineffabili dignatus 
es dispositione sancire, 
ut unicum eius sacerdotium in Ecclesia servaretur.

Ipse enim non solum regali sacerdotio populum 
acquisitionis exornat, sed etiam fraterna 
homines eligit bonitate, ut sacri sui ministerii 
fiant manuum impositione participes.

Qui sacrificium renovent, eius nomine, 
redemptionis humanæ, 
tuis apparantes filiis paschale convivium, 
et plebem tuam sanctam caritate præveniant, 
verbo nutriant, reficiant sacramentis. 

Qui, vitam pro te fratrumque salute tradentes, 
ad ipsius Christi nitantur imaginem conformari, 
et constanter tibi fidem amoremque testentur. 

Unde et nos, Domine, cum Angelis et Sanctis 
universis tibi confitemur, in exsultatione dicentes:

SANCTUS
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus, Deus Sabaoth
Pleni sunt cæli et terra gloria tua Hosanna, in excelsis
Benedictus qui venit in nomine Domini Hosana, in excelsis
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus, Deus Sabaoth
Pleni sunt cæli et terra gloria tua Hosanna, in excelsis
Benedictus qui venit in nomine Domini Hosana, in excelsis

PLEGARIA EUCARÍSTICA III
El Celebrante, con las manos extendidas, dice:
Vere Sanctus es, Dómine,
et mérito te laudat omnis a te cóndita creatúra,
quia per Fílium tuum,
Dóminum nostrum Iesum Christum,
Spíritus Sancti operánte virtúte,
vivíficas et sanctíficas univérsa,
et pópulum tibi congregáre non désinis,
ut a solis ortu usque ad occásum
oblátio munda offerátur nómini tuo.

Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Súpplices ergo te, Dómine, deprecámur, ut hæc múnera, quæ tibi sacránda detúlimus, eódem Spíritu sanctificáre dignéris,

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
ut Corpus et  Sanguis fiant Fílii tui Dómini nostri Iesu Christi, cuius mandáto hæc mystéria celebrámus.
Ipse enim in qua nocte tradebátur

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
accépit panem
et tibi grátias agens benedíxit,
fregit, dedítque discípulis suis, dicens:

ACCÍPITE ET MANDUCÁTE
EX HOC OMNES,
HOC EST ENIM CORPUS MEUM,
QUOD PRO VOBIS TRADÉTUR.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Símili modo, postquam cenátum est,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 
accípiens cálicem,
et tibi grátias agens benedíxit,
dedítque discípulis suis, dicens:

ACCÍPITE ET BÍBITE EX EO OMNES
HIC EST ENIM CALIX SÁNGUINIS MEI
NOVI ET ÆTÉRNI TESTAMÉNTI,
QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDÉTUR
IN REMISSIÓNEM PECCATÓRUM.
HOC FÁCITE IN MEAM COMMEMORATIÓNEM.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice:
Mysterium fidei.

La asamblea:

Después el Celebrante, con las manos extendidas, dice:
Mémores ígitur, Dómine, eiúsdem Fílii tui salutíferæ passiónis necnon mirábilis resurrectiónis et ascensiónis in cælum, sed et præstolántes álterum eius advéntum, offérimus tibi, grátias referéntes, hoc sacrifícium vivum et sanctum.

Réspice, quǽsumus, in oblatiónem Ecclésiæ tuæ et, agnóscens Hóstiam, cuius voluísti immolatióne placári, concéde, ut qui Córpore et Sánguine Fílii tui refícimur, Spíritu eius Sancto repléti, unum corpus et unus spíritus inveniámur in Christo.

C1: Ipse nos tibi perfíciat munus ætérnum, ut cum eléctis tuis hereditátem cónsequi valeámus, in primis cum beatíssima Vírgine, Dei Genetríce, María, cum beato Ioseph, eius Sponso, cum beátis Apóstolis tuis et gloriósis Martýribus et ómnibus Sanctis, quorum intercessióne perpétuo apud te confídimus adiuvári.

C2: Hæc Hóstia nostræ reconciliatiónis profíciat, quaésumus, Dómine, ad totíus mundi pacem atque salútem. Ecclésiam tuam, peregrinántem in terra, in fide et caritáte firmáre dignéris cum fámulo tuo Papa nostro Pius, cum episcopáli órdine et univérso clero et omni pópulo acquisitiónis tuæ.

Votis huius famíliæ, quam tibi astáre voluísti, adésto propítius. Omnes fílios tuos ubíque dispérsos tibi, clemens Pater, miserátus coniúnge.

+Fratres nostros defúnctos et omnes qui, tibi placéntes, ex hoc sǽculo transiérunt, in regnum tuum benígnus admítte, ubi fore sperámus, ut simul glória tua perénniter satiémur,
 
Junta las manos.                                                        
 
La asamblea:
AMEN , AMEN , AMEN  

RITO DE COMUNIÓN
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó: 

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el Obispo, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz os dejo, mi paz os doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 

Junta las manos. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén. 

El Obispo, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, alide: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

Luego, el diácono añade: 
Dense fraternalmente la paz.

AGNUS DEI
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
Danos la paz, Danos la Paz, danos la paz

El Obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

CANTO DE COMUNIÓN

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en la sede, el Obispo, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el Obispo, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se hubiera hecho antes. Después el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Te pedimos, Padre, 
que la participación en este sacrificio 
dé nueva vida a tus sacerdotes y a todos tus hijos, 
para que, unidos a ti en el amor, puedan servirte dignamente. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN

PALABRAS DEL PRESBITERO NUEVO

BENDICIÓN
Después tiene lugar la despedida. El Obispo, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:  
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 
 
℣. Sea Bendito el nombre del Señor.
℟. Ahora y por siempre.

℣. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
℟. Que hizo el cielo y la tierra.

℣. Y la bendición de Dios todopoderoso: Padre, ✠ Hijo, ✠ y Espíritu  Santo.
℟. Amén.

Luego el diácono vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz, esta misa ha terminado
℟. Demos gracias a Dios.

Después el Obispo venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha una inclinación profunda con los ministros, se retira.

ANTÍFONA MARIANA
(Sub Tuum Praesidium)

Sub tuum praesidium
confugimus,
Sancta Dei Genetrix;
nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus;
sed a periculis cunctis
libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta


CANTO DE SALIDA








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